El verdadero pulpo

Manuel Ignacio Gómez Lecaro

En la página web de la Secretaría Nacional de Planificación (Senplades), la sección del proyecto de Ley de Control de Poder de Mercado, mejor conocido como Ley Antimonopolio, te recibe con el dibujo de un pulpo agarrando diferentes productos con sus tentáculos. Abajo dice “¡Basta! ¡No más monopolios abusivos!”.

Al ver ese pulpo pensé automáticamente en el Estado ecuatoriano.

La Asamblea está discutiendo ahora, de forma urgente, esta ley que en teoría pretende evitar, corregir y sancionar el abuso y prácticas desleales de ciertas empresas. Es una ley necesaria siempre que sea pensada en defender los intereses de nosotros, los consumidores, y que se aplique de igual forma a empresas públicas y privadas. Y siempre que busque promover la competencia, más que controlar o sancionar.

Si tuviéramos un gobierno que entiende y respeta lo que son las empresas y el mercado, estaría tranquilo ante esta ley. Pero viniendo de este Gobierno ultraestatista, amante de la burocracia y las empresas públicas, y lleno de prejuicios hacia el sector privado, no me queda otra que dudar.

René Ramírez, director de la Senplades, le dijo a Alfredo Pinoargote estar de acuerdo con una frase de Ayn Rand que dice “Es el mercado libre el que hace imposibles los monopolios”. Según Ramírez, “aquí en el Ecuador no ha habido esa libre competencia, ha sido una ley de la selva que ha llevado a que el Estado tenga una vinculación con los poderes económicos y eso ha llevado al peor de los mundos”.

Al escuchar esto de nada menos que el principal planificador del Gobierno tuve que revisar el calendario y asegurarme de que no era el día de los inocentes o algo así. Si así piensan tienen todo mi apoyo. Lastimosamente esas palabras contradicen las prácticas del Gobierno. Hoy, más que nunca, la gigante burocracia y enorme participación del Estado en la economía, se presta para favorecer a las empresas amigas y perjudicar el libre mercado. En lugar de competir para ganar clientes, el negocio está en acercarse al Gobierno para ganar un contrato.

Cuando pienso en monopolios abusivos no pienso en empresas privadas. Con todos sus defectos, a las empresas privadas las escojo yo. Si hay empresas líderes, más grandes y exitosas que otras, es justamente porque los consumidores preferimos sus productos o servicios.

Cuando pienso en monopolios abusivos sí pienso en el Estado. Pienso en un Seguro Social que me quita una porción de mi sueldo todos los meses sin que yo pueda escoger libremente dónde poner mi plata. Pienso en la telefonía pública que tuve que instalar ante la falta de alternativas. Pienso en el imperio de medios de comunicación del Gobierno. Pienso en los tentáculos estatales acaparándolo todo a su paso. Pero con este gobierno experto en buscar e inventarse abusos ajenos y no ver los propios, dudo mucho que controlen los monopolios estatales.

Tomo las palabras de Ramírez en Ecuavisa. Vamos por esa libre competencia sin un Estado metiche ni compinche de algunos. Con reglas claras. Con controles a los abusos. Con seguridad jurídica. Que seamos los consumidores, no unos cuantos políticos y burócratas de turno, los que tengamos el poder de escoger.
Fuente:  http://www.eluniverso.com/2011/09/15/1/1363/verdadero-pulpo.html?p=1363&m=788