El triste oficio de Fernando Alvarado

Por: Felipe Burbano de Lara
Fernando Alvarado dedica buena parte de su tiempo como secretario de Comunicación a contestar la lluvia de críticas que vienen desde fuera por el escandaloso juicio en contra del diario El Universo y la precaria vigencia de la libertad de expresión en el país. Se ha convertido en un servidor ejemplar de la causa revolucionaria, con una sorprendente capacidad para repetir los mismos argumentos frente a críticos tan diversos y escamotear siempre los problemas de fondo. Alvarado ha enviado cartas al The Washington Post, al Comité de Protección de Periodistas, a Human Wrights Watch, a la Sociedad Interamericana de Prensa, a Reporteros sin Frontera, organizaciones todas que han expresado de distinto modo su alarma por la libertad de expresión en el Ecuador, el alcance del juicio a diario El Universo, y la hostilidad del presidente hacia los medios (Reporteros sin Fronteras habla de una "guerra mediática"). En todas las cartas, el secretario repite más o menos lo mismo: que los periodistas tienen libertad para ejercer su profesión, que el Gobierno solo busca una verdadera democratización de la comunicación, que son cuatro familias propietarias de grandes medios las únicas alarmadas por lo que ocurre en el país y que el Gobierno busca desprivatizar la palabra para que el ciudadano común sea respetado (esta última tesis resulta de antología). Sus interlocutores deben sorprenderse por no haber sido capaces de constatar el cambio que se respira en el Ecuador y haber sido engañados de manera tan infame por las cuatro familias dueñas de la opinión. Alvarado tiene la admirable capacidad de argumentar a favor de lo que para ninguna de las organizaciones resulta evidente en el Ecuador.

En todas sus cartas, ni una mirada, ni de reojo si quiera, a la cantidad de medios estatales y a la calidad de su labor periodística. Ni una sola mención a la abrumadora propaganda gubernamental ni a la agresividad presidencial de cada sábado. Menos todavía una reflexión de por qué, bajo la revolución ciudadana, el espacio de las libertades, el flujo de opiniones, el intercambio de posturas, el tono de la controversia pública, se volvieron tan escabrosos y violentos. Tampoco un solo comentario a la cifra de $40 millones con la que el presidente quiere restablecer su honor, tan defendido por Alvarado en cada una de las cartas, y que resulta incomprensible para las organizaciones a las que ha contestado. La complicidad de los funcionarios gubernamentales frente al monto reclamado por Correa en el juicio habla mucho de sus condiciones éticas.

El espíritu de la revolución queda bien retratado en este pequeño funcionario, a quien el poder le ha llegado a cada una de las neuronas. Detrás de la seguridad con la que sostiene sus cuatro tesis, salta a la vista su capacidad para presentarse como portador de la verdadera comunicación, de la verdadera democracia, de la verdadera ética periodística, de la información verdadera. Ojalá alguna vez haya redactado una noticia y colocado un titular de prensa para saber de lo que habla. La firmeza de su postura se basa en una fórmula sencilla, común a nuestros revolucionarios: ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Una larga y penosa tarea le sigue esperando al agobiante Fernando Alvarado.

 Fuente:  http://www.hoy.com.ec/noticias-ecuador/buzon-de-lectores-1021-503195.html