Un lamento y una conjetura

Karen Cancinos

El lamento: un réquiem por los idos. La conjetura: una presunción política sobre Torres.

El lamento. Agradezco a Siglo Veintiuno haber expuesto en primera plana el dolor de Jorge Efraín Cac, quien perdió a su esposa y a dos de sus tres hijos, quedando el tercero muy malherido, en el ataque terrorista del 3 de enero. Lo agradezco porque me indignó leer el titular de otro matutino: “Bus prende fuego”. Como si se hubiese incendiado así nomás, o ardido como consecuencia de un simple descuido o de una chispa originada por una “estrellita” de esas que queman los niños en las fiestas de fin de año.

Qué tragedia la que se ha cernido sobre la familia del señor Cac, y sobre las de las otras decenas de personas asesinadas o heridas en esa depravada agresión, y sobre los seres queridos de los más de seis mil muertos violentamente en el pasado 2010. Pero no debemos permitir que la maldad nos pueda.

Es verdad que nadie hará que don Jorge Efraín y todos los tocados por la iniquidad recuperen a sus cónyuges, hijos, padres, hermanos, amigos, y que a los muertos solo cabe darles sepultura y orar para facilitar su tránsito adonde no hay bombas, malvados, sangre, dolor ni rabia, pero los que seguimos aquí algo debemos hacer, y negarnos a doblegarnos ante asesinos es el primer paso. Lo contrario sería tanto como regalar nuestro país a quienes desde la cárcel siguen maquinando vilezas contra el prójimo.

La conjetura. El año electoral amenaza con ser aburrido, no por falta de acción sino por saturación, sobre todo del oficialismo, que lleva tres largos años en campaña. Si a eso se suman los diez que Álvaro Colom dedicó a andar de gira propagandística, pues llevamos casi tres lustros de ese caldo indigesto de populismo cuasi socialdemócrata e irresponsabilidad fiscal que su figura tristona y su carácter endeble nos han recetado.

Como nada que se relacione con la conducta humana se puede predecir (y en eso me parece que Edgar Castro Bathen, nuestro astrónomo columnista, está en una posición envidiable, pues el curso de los cuerpos celestes sí es algo que razonablemente puede ser predicho), a quienes escudriñamos la dinámica social como politólogos o economistas tan solo nos queda presumir. No en el sentido de vanagloriarse, sino de conjeturar.

De manera que presumo varias cosas para este año. Aquí va una: con el hambre de poder que rezuma Sandra Torres, no se resignará, pienso, a hacer mutis por el foro. Participará en la contienda, aunque a saber si como candidata a la presidencia. Estúpida no es, y sabe que con los regalos en los que dispendiosamente ha malgastado nuestro dinero, no comprará los votos requeridos. Para sentarse en la poltrona se requiere algo más que mero afán de poder, corazoncito rencoroso y discurso patotero.

Varias veces he comentado en este espacio qué es ese “algo más”: ya quisiera que fuese talla de estadista, pero no. En el caso de los presidentes del último cuarto de siglo, el factor “algo más” se ha limitado a cansancio por parte del electorado. “Le toca a éste, que ya perdió dos o tres veces”, parece ser la consigna, y eso no favorece a Torres, aunque tampoco condena sus aspiraciones políticas al fracaso porque aquí todo puede suceder. Así que conjeturo que la señora jugará un papel en el cotarro este año. No sé si bueno, malo o peor, pero vulgar y colorido, eso sí.

Pensándolo bien, el año electoral no resultará tan aburrido después de todo.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día viernes 07 de nero 2011