Trigedia

Marta Yolanda Díaz-Durán

Consecuencia de un sistema de incentivos perversos que prevalece en Guatemala desde hace 65 años

Guatemala, viernes 14 de enero de 2011. Se cumplen tres años del gobierno encabezado en el poder Ejecutivo por Álvaro Colom. Ese poder que debe limitarse para que no sigan usándolo para violar los derechos individuales de los soberanos: los ciudadanos. Los tributarios. Esa frontera que sólo puede ser limitada desde el Congreso de la que aún no es una República: Guatemala.

Después de tres años del actual gobierno, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos, que los resultados del trabajo de los mencionados en el primer párrafo han sido trágicos para toda la población honrada y respetuosa de nuestro país. Las estadísticas hablan por sí mismas. Según una nota del diario Siglo Veintiuno del pasado jueves 13 de enero del presente año, las víctimas de la criminalidad han aumentado en un 25% en los dos últimos. ¡En sólo dos años!

La más reciente encuesta ciudadana del matutino Prensa Libre confirma lo que muchos intuíamos: que una inmensa mayoría de personas (alrededor del 71%) desconfía de los partidos políticos. Una forma eufemística de decir que los habitantes de Guatemala desconfían de los políticos, que más bien deberíamos llamar politiqueros. Se lo merecen: eso y mucho más. Se lo han ganado a base de mentiras descaradas, robos disfrazados de acciones solidarias y una crasa ignorancia de cuáles son sus funciones primordiales.

La misma medición mencionada con anterioridad refleja que alrededor del 78% de la gente está preocupada por su seguridad. Nosotros sí tenemos claras cuáles deben ser la prioridades de los gobernantes. Y sobran los sondeos que muestran que casi todos sabemos que no existe justicia en nuestro terruño. Está a la venta y la compra el mejor postor. Y ahora sobran antisociales bañados en dinero: desde narcotraficantes, pasando por secuestradores y terminando con politiqueros que ejercen el poder y se enriquecieron cuando ocuparon un cargo público. Al fin, podemos resumir que todos son lobos de la misma loma y se tapan con la misma chamarra. ¡Ah! Y se alimentan de los mismos borregos. Omito nombrar a estos últimos.

Y aún no menciono el casi inexistente capital (que en lugar de venir se va), necesario para transformar recursos en riqueza. Ausencia debida a la expoliación, el ataque constante al agonizante derecho a la propiedad privada y la falta de respeto al debido proceso y a las normas. Además de la reciente pérdida de miles de empleos que dejaron de ser productivos por la decisión populista del presidente (con minúscula) Colom de aumentar el salario mínimo sin ninguna base y un total desconocimiento de cómo mejoran los ingresos REALES de las personas en el largo plazo.

Total, el panorama descrito es consecuencia de un sistema de incentivos perversos que prevalece en Guatemala desde hace 65 años: el Estado benefactor/mercantilista. Es hora de cambiarlo por un verdadero Estado de Derecho. Es hora de fundar la República de Guatemala.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día lunes 17 de enero 2011.