Terrorismo

PEDRO TRUJILLO

La explosión de un arte-facto en el interior de un bus no es un hecho aislado. Más bien se conecta con otros que sucedieron el pasado mes, cuando se derribaron torres de electricidad, aunque el crimen, por las vacaciones, pasó desapercibido y fue poco valorado. Iniciamos una serie de atentados terroristas que son producto de la inutilidad ostensible de este gobierno para enfrentar la violencia que sigue su escalada exponencial.

Recordemos que desde hace unos años asesinan a pilotos y ayudantes sin que se haya reducido el número de víctimas ni esclarecido algo que permita poner fin al problema. Lo más destacado que hicieron fue regalar juguetes a los huérfanos de todas aquellas personas. ¡Triste política asistencialista! En una dictadura, el jefe del Estado es el responsable de las masacres y muertes; de ahí esas acusaciones de genocidio que pululan por tribunales internacionales, pero, en una “democracia”, nadie aparece como culpable, por acción u omisión, de muchos más crímenes, tal cual ocurre en el país. Se encogen de hombros, echan la culpa a pasadas administraciones, piden más dinero que luego no son capaces de ejecutar o simplemente desvían millones para programas como Cohesión Social. Sin embargo, nulos resultados positivos en la lucha contra el crimen, no ya organizado, sino la delincuencia común.

Las sonadas noticias sobre la aprehensión de tal o cual cantidad de droga o las detenciones producidas durante el pasado estado de Sitio no llevan parejas la declaración de la procedencia de las armas incautadas, del número de serie —que diría si pertenecen o no a determinadas organizaciones—, la procedencia de las mismas o la identidad de los propietarios de las fincas donde se confiscan aviones o se detiene a zetas, entre otros sustanciales aspectos. Lo importante es la difusión mediática para trasladar la sensación de qué se está haciendo, aunque realmente no es casi nada. Esta manipulación de información se constata igualmente cuando se hicieron públicas las cifras de asesinados con la declaración “vergonzosa” —aunque pedagógica, según el presidente— de que son menos que en 2009, cuando el año no había finalizado, y, en todo caso, la reducción es tan exigua que mejor les valdría llorar de pena que gritar de alegría.

Con ese escenario de incapacidad o falta de voluntad para combatir realmente al crimen organizado, el Gobierno sigue sin elaborar más de una cincuentena de reglamentos necesarios para desarrollar ciertas leyes claves, como la de armas y municiones o la del servicio civil, que podría emplear a muchos ciudadanos como policías auxiliares para, por ejemplo, repartir citaciones judiciales y así liberar oficiales que lucharían frontalmente contra el crimen. Soluciones, ¡claro que las hay!, pero esto es un juego interesado, tanto político como de ciertas ONG que producen muchos réditos y que nadie está dispuesto a dilapidar mientras las ganancias sean jugosas. Pero, interés real por solucionar los problemas, ¡ninguno! En vez de estado de Sitio, lo que se debería declarar es un día de silencio, manifestación y vergüenza nacional, y sentarse a pensar que hacer para evitar un solo muerto el día de mañana. Sin embargo, eso no interesa. Lamentamos la muerte de una familia, pero nos enteramos de que llevamos años pagando extorsiones con nuestros impuestos, por medio de la subvención millonaria a propietarios de buses.
El colmo: International Crisis Group nos cita como un país en el hay que vigilar los conflictos en gestación. Otros: Irak, Sudán, Haití, Somalia, etc. Atentos: nos espera mucho más de esto. A fin de cuentas parece ser que es lo que les interesa.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa LIbre", el día marte 11 de enero 2011.