Los “milagros” económicos

Federico Bauer Rodríguez

Han optado por buscar el crecimiento económico por la vía keynesiana.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Japón y Alemania estaban en la ruina total pero 20 años después eran la segunda y tercera economía mundial respectivamente.
Hace menos de 60 años Hong Kong empezó a vivir un experimento económico basado en la liberación total de su economía, y hoy sus habitantes tienen mejores ingresos que su ex madre patria, Inglaterra.

Hace 30 años China renunció al sistema marxista siendo una nación paupérrima, y hoy es la segunda economía mundial, gracias a un crecimiento superior al 8 por ciento anual durante las últimas décadas. China tiene hoy casi US$3 billones en reservas internacionales, gracias a ser el mayor exportador global, lo que le ha permitido sacar de la pobreza a varios cientos de millones de sus habitantes.
Singapur, con menos de 50 años de existir, tiene una economía per cápita superior a la del 95 por ciento de los países, y tasas de crecimiento de 2 dígitos.
Corea del Sur, destruida por la guerra hace menos de 60 años, tiene hoy un ingreso per cápita superior a Portugal y a las naciones ex comunistas.


Chile, destruido en 1973 por el gobierno de Allende, es hoy el paradigma de Latinoamérica y el primer país latinoamericano que al terminar esta década ingresará al club de naciones desarrolladas.

Brasil, con ocho años de fomentar la inversión y las exportaciones, está creciendo a ritmo envidiable y reduciendo considerablemente los niveles de pobreza.
En distintas publicaciones estos y otros ejemplos han sido llamados “milagros” económicos, como si la teología tuviera algo que ver con el magnífico desempeño económico de los anteriores países. En realidad todos estos países han tenido algo en común, ajeno a la religión en general: crecimiento económico basado en el ahorro, inversión, producción, consumo y más ahorro (en ese orden); todo esto dentro de un marco de economía de mercado en que se premia la eficiencia y no se sustituye con demagogia.

Por otro lado, un grupo de países como España, Italia, Francia, Inglaterra, Grecia, Venezuela, Argentina, EE.UU. y tristemente Guatemala, han optado por buscar el crecimiento económico por la vía keynesiana: gasto público, expansión monetaria, deuda interna y externa, manipulación del dinero y del crédito, manipulación de los precios, y otros vicios económicos que podríamos llamar los “pecados capitales” en economía.

Con el fin de entender mejor lo anterior, contrastemos la situación macro de los EE.UU. que a pesar de 2 bailouts multimillonarios, tiene hoy un déficit fiscal superior al 10.6 por ciento, desempleo del 9.4 por ciento y crecimiento del 2.8 por ciento, mientras que Alemania con sus políticas macroeconómicas conservadoras –basadas en el ahorro y la eficiencia– tiene un déficit del 3.5 por ciento (nada keynesiano), un desempleo del 7.1 por ciento (el menor desde antes de la crisis) y crecimiento del 3.4 por ciento (el mayor desde la reunificación). Los sindicatos y los empresarios en Alemania aceptaron un plan de reducción de horarios con el fin de reducir el desempleo, y actualmente son el segundo exportador mundial, con una balanza comercial superior a los US$200 millardos. ¿Cómo explican esto Krugman y los keynesianos?

¿Cómo explican ellos que mientras Suecia tiene inflación del 1.2 por ciento, desempleo del 7.1 por ciento y déficit fiscal del 1.6 por ciento; Suiza tiene inflación del 0.7 por ciento, desempleo del 3.6 por ciento y déficit del 0.4 por ciento? Aquí tenemos a 2 países con muy buen desempeño, pero los suecos tienen más déficit fiscal y más desempleo que los suizos. Ahorrar, producir y ser responsable no es “milagro”.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "El Periódico", el día jueves 27 de enero 2011.