El “incomprendido” Álvaro y el “golpe de Estado”

Estuardo Zapeta

Es que nada más desagradable y preocupante que ver a un presidente llorón.

Sus quejas, llantos y reclamos han alcanzado el cielo. Su arduo trabajo lo tiene ya exhausto, abatido, derrotado y no se le ve por ningún lado aquel entusiasmo de hace tres años con los cuales tomaba un día como hoy las riendas del país. Hoy no para de quejarse.

Chillón.

Es el “presidente” quien curiosamente ha llevado a 46% a aceptar y soñar con un “golpe de Estado”, (el promedio regional, según IX Estudio de la Cultura Política de la Democracia en Guatemala 2010, es de 33.1%) que en otros tiempos creíamos ya enterrados en la tumba de olvido, en una caja de acero oxidable, y sellada con soldaduras de eterno desprecio por el mal que nos hicieron, y al cual no queremos volver.

Es que nada más desagradable y preocupante que ver a un Presidente llorón.

Pero si es cierto que “la voz del pueblo es la voz de Dios,” entonces Álvaro en su tercer año está en deep shit, como dirían los gringos, y sin salida más que apoyar a su esposa y hacerle “h . . .” el último año para llegar aunque sean en anda al 14 de enero del 2012.

Es que un presidente quejoso, de veras, da hueva.

Corridas, saltos biónicos casi, para ir al baño después del susto que le da al susodicho escuchar que le pueden tocar “tenis club” y poner “a todas las estaciones que integran el sistema nacional de radiodifusión nacional encadenarse para un importante mensaje, bla, bla, bla”.

Más lágrimas, más quejidos, más crujir de dientes.

Que casi la mitad “apoye” un “golpe de Estado” deberá ser para el Presidente un alto en el camino, obligarlo a un momento de reflexión, y, tal vez, hacer aunque sea en su último año, un alto en el camino.

Dice que nadie lo comprende ¿o él no comprende a nadie?

Malas noticias para “la Doña”, quien deberá reconsiderar si bajo tales circunstancias y semejantes números deberá presuntamente correr por la Presidencia con la mitad de la población “apoyando” un “golpe de Estado” con un “militar” como competidor fuerte, o, tal vez, se adelante ella y le da, cual viuda negra, el “golpe de Estado” al marido. ¿O es que ya se lo dio? Como sea, a ella no le conviene ser vista como “el poder” a la par del trono, o “encima” del trono, porque eso la asocia, y tan sujeto de “golpe” puede ser el otro como ella.

Más gritos desesperados del referido.

Difícil situación la del “presidente”, con poder paralelo y compartido para gobernar, y con un creciente sentimiento de apoyo a un “golpe de Estado”. Escenario shaikspiriano.

Aullidos.

Como sea, Álvaro, a todos nos conviene que vos llegués sano y salvo, aunque con cero poder, al final de tu reinado. De veras, yo sabía que el poder “desgasta”, pero una cosa es que desgaste, otra que “castre” políticamente. Y cualquiera que sea tu situación, la primera esperaría yo, está en el mejor interés de los chapines que el 14 a las 10 entregués las chivas presidenciales como Dios manda.

Entre quejas, llantos e incomprensiones, me duele reconocerlo, llevás las de ganar, porque a nadie le conviene un “golpe de Estado”. Tenés suerte.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día viernes 14 de enero 2011.