Conclusiones sobre las Escuelas Económicas

Federico Bauer Rodríguez

en la situación económica global del siglo XXI?


En la serie sobre las Escuelas brevemente mencioné a los Escolásticos, a los Clásicos, a los Historicistas, Cambridge, Austria, Chicago y Keynes, entre otros, con sus principales características.

La interrogante es cuáles escuelas económicas han influido positiva o negativamente en la situación económica global del siglo XXI.

Al terminar la primera década de este siglo nos encontramos con una economía global de US$60 billones, la cual se encuentra repartida de una manera muy desigual.


Esta economía global está integrada por un grupo de naciones muy ricas (cerca del 25 por ciento), por una mayoría en desarrollo (cerca del 50 por ciento), y por otro grupo de naciones muy pobres. Mientras más capitalistas –respeto al mercado y a los derechos de propiedad– son las naciones, mayor es su nivel de ingresos per cápita, y mejores son los compensadores sociales como salud y educación. Aún en el primer grupo de naciones muy ricas, las manipulaciones del dinero del crédito, junto con la irresponsabilidad fiscal han causado problemas, mientras que las Economía Emergentes han crecido gracias al incremento de las exportaciones, y al manejo responsable de sus macroeconomías. Ninguna Nación tiene la patente para ser rica, sino por el contrario, los más desarrollados han tratado de que todas las naciones se superen, pero la ayuda –supongo que bien intencionada– no ha sido bien canalizada.


Ante esta situación, los Escolásticos estarían contentos al ver que su Teoría del Valor y su Teoría Monetaria, perfeccionadas por los Austriacos, hoy tienen relevancia a nivel mundial.

Los Austriacos están contentos porque han tenido éxito contra la tesis marxista, y han tenido relativo éxito a favor de la globalización del comercio y de la migración, pero no han podido evitar la manipulación del dinero, causante de los ciclos económicos. La crisis actual fue advertida por algunos Austriacos con vehemencia hace más de diez años, pero sin resultados.

Adam Smith y los franceses propulsores del laissez-faire, también estarían satisfechos al ver el desempeño de los países que han liberado sus mercados, aunque el mercantilismo todavía es pesado en las naciones desarrolladas, y los ignorantes lo confunden con la economía de mercado.

Malthus no podría creer que en los países industrializados solo un pequeño porcentaje se dedica a la agricultura, ya que la productividad agrícola, gracias al capital y a la tecnología, es tan alta que los commodities agrícolas sobran en dichos países y ayudan a alimentar a los del tercer mundo.

Los miembros de la Escuela de Chicago están contentos porque su tesis de libre mercado, con un manejo responsable de la macroeconomía –aún aceptando el sistema de banca central–, ha permitido el desarrollo sostenible de las naciones industrializadas, y el despegue económico de otras naciones con economías emergentes. Adicionalmente, los mejores exponentes de Chicago han sido galardonados con el premio Nobel repetidamente.

Por su lado, los seguidores de John Maynard Keynes están muy satisfechos, ya que esta tesis económica es la preferida por los políticos y por muchos académicos, que quieren ver resultados rápidos aunque efímeros, pero que son rentables en las urnas, ya que como Keynes dijo: “En el largo plazo todos estamos muertos”. Por supuesto que los políticos en el largo plazo ya entregaron el poder, y los problemas al siguiente, e.g.: Bush actuó como un keynesiano de pura cepa y ahora Obama está haciendo lo mismo con el fin de “enmendar” los errores del anterior.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "El Periodico", el día jueves 20 de enero 2011.