El cotarro alborotado (parte IV)

Caballeros y Torrebiarte: ¿virtuosos, moderados, timoratos?


Karen Cancinos

Si no le pasado los ojos a los textos anteriores de esta serie, no resulta ocioso informarle que he estado basándolos en esta premisa: no hay en el espectro político guatemalteco tales cosas como “derecha” o “izquierda”. Bien definidas a lo largo de carreras políticas coherentes, quiero decir. Porque a nivel demagógico, hay quienes juran ser “socialdemócratas” o “liberales”, sin tener la más remota idea de lo que significa suscribir una o el otro.


Sin embargo, y aunque se regodean en su propia ignorancia (como el ministrillo que se apresuró a ceder ante las exigencias criminales de pandilleros detenidos porque, según dijo con ridículo candor, eso es “socialdemocracia”), en su descargo les reconozco el mérito de intentar definirse políticamente. La mayoría de los actores del cotarro actual no llegan a tomarse la molestia ni de eso. Harold Caballeros y Adela de Torrebiarte —ahora en tándem— no lo han hecho. No al menos en el sitio de sus respectivas agrupaciones políticas (VIVA y ADN), o en sus páginas de la red social FB.


Caballeros dice en su perfil que ha “decidido asumir la responsabilidad con Guatemala” porque cree “firmemente que el futuro está en nuestras manos”. Optimistas afirmaciones. Ambiguas eso sí. Tanto, que nada dicen de su definición política, cosa que ha evitado cuidadosamente. Cuando en una entrevista en 2007 le pidieron que se ubicara ideológicamente, respondió que quería “escaparle a eso porque aquí en Guatemala se ganan más enemigos que amigos”. Una respuesta digna de un aspirante a político, sí señor.


Pues bien: en estos tres años se ha ocupado de sacar postgrado en imprecisión. En la página de su proyecto se hace referencia a términos que remiten a los ámbitos empresarial (“visión” y “misión”) o eclesial protestante (“gente próspera”), y no al político. En cuanto se llega a “Cultura partidaria”, por ejemplo, el contenido cesa abruptamente. Tan solo hay por ahí un par de líneas que hacen alusión a un vago objetivo: “Fortalecer los valores cívicos progresistas de la sociedad para que el Estado pueda consolidar el funcionamiento de instituciones modernas y pertinentes”. Para mí que la palabreja “progresista” es el guiño respectivo a la political correctness, signo desafortunado de nuestro tiempo.


Vaya información valiosa si uno anda buscando dilucidar posturas claras de una agrupación que, en la contienda del año que viene, aspira a correr con bandera de novedad y aire fresco.


Su par anda por el estilo. La señora Torrebiarte asegura que su ideología política es “moderado” (literalmente). No se ha enterado de que no existe tal. A mí la señora me cae de lo mejor desde su época de madre angustiada, y me sumaría a su proyecto si percibiera algo de seriedad en el mismo. Pero me cuesta pensar que la hay cuando afirma que su mayor interés es “llegar un mejor país” (supongo que quiso decir “legar”) a las generaciones que vienen.


¿Son irrelevantes tan nimios detalles de redacción? No lo son: el compromiso con la idea de una Guatemala mejor comienza por difundir los objetivos propios sin errores de composición o de ortografía.


En fin, después de aburrirse con el bla bla bla de este dúo, no puede una sino concluir que tenemos los votantes otro par de ejemplos de cómo hay gente que se cree virtuosa proclamándose “moderada”, cuando simplemente es timorata.


Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día viernes 03 de diciembre 2010.