“Rigideces” presupuestales


El gobierno se queja de “rigideces presupuestales”. Dice que un alto porcentaje del gasto público se encuentra “comprometido”. Supuestamente les queda muy poco “espacio de maniobra” para gastar a su discreción los fondos restantes. Sin embargo no piden cambiar las “rigideces”, sino continuarlas pero con un presupuesto cada vez más alto y con una deuda pública que hipoteca nuestro futuro.

JOSÉ RAÚL GONZÁLEZ MERLO

Dice el Ministerio de Finanzas Públicas (MFP) que, de cada quetzal que recauda, hay cerca de 90 centavos “comprometidos”, por lo que tan solo tiene 10 centavos de flexibilidad. Una película bastante sesgada y distorsionada como para justificar que, por ello, tengan que subir los impuestos. ¿Acaso ese “gasto rígido” no es, a la vez, gasto público? Y si no se lo gastan en eso, ¿en qué se lo gastarían entonces?

Un 20 por ciento de los ingresos ordinarios del gobierno está asignado por mandato constitucional: la Usac se lleva 5%, el deporte, 3%; la justicia, 2%; y las municipalidades, 10% de los impuestos recaudados. Adicionalmente de los 12 puntos porcentuales del Impuesto al Valor Agregado, deben destinar, por mandato legal, 3.5 puntos al “financiamiento de la paz y el desarrollo”. Una definición suficientemente vaga. Lo demás son, en palabras del MFP, otras “rigideces”: pago de salarios de maestros, policías, servidores públicos y un largo etcétera. Al final del día estiman que, para el 2011, les van a quedar “solamente” unos Q4 mil 200 millones en calidad de “gasto no rígido”. ¿Qué clase de planteamiento es ese para justificar un aumento de impuestos?

Imagínese que en su hogar o empresa le dicen que el 90 por ciento de los gastos ya son “rígidos”, y con esa excusa se requiere que usted aporte aún más... En la vida real no existe tal cosa como un “gasto rígido”. Únicamente existen prioridades y costos de oportunidad. Los presupuestos deben estar elaborados con base en realidades y no con base en necesidades; pero, sobre todo, se deben ejecutar con eficiencia antes de pretender aumentarlos. Aquí es donde todos se hacen los locos.

Sin embargo, los gobiernos han encontrado el secreto de “hecha la ley, hecha la trampa”. La deuda pública no constituye un “ingreso ordinario”; por lo tanto, endeudando a las futuras generaciones de tributarios, los gobernantes han logrado evadir las “rigideces” anteriores y gastar la deuda a discreción. No extraña, entonces, que el endeudamiento público total haya crecido de 16 mil 700 millones de quetzales antes de la firma de los acuerdos de paz, a 71 mil millones a finales del año pasado… Cuadruplicar la deuda y gastar con libertad ha sido la fórmula ideal para los gobernantes de turno. Por esta y muchas otras razones, el Presupuesto Público del 2011 no debe ser aprobado y su gasto debe ser congelado.


Artículo publicado en el diario guatemalateco "Prensa Libre", el día martes 30 de noviembre 2010.