Redistribuyendo la pobreza


El pensamiento convencional dice que, como la riqueza está“mal distribuida”, corresponde al Gobierno arreglar esa situación. Así se justifica la función “redistributiva” del Estado. Peor aún, así quieren justificar constantes aumentos del gasto público e impuestos. El único problema es que, en la práctica, la política de redistribución ha demostrado ser un fracaso histórico y una política contraproducente. Con ese argumento, el Gobierno recaudó Q6 mil 500 millones en 1995.


JOSÉ RAÚL GONZÁLEZ MERLO

Este año recaudará casi Q37 mil millones. El cobro de impuestos se ha multiplicado casi seis veces. Más rápido que el crecimiento poblacional, la inflación, el crecimiento económico o el ingreso medio del guatemalteco. El gasto público ha crecido aún más. Nadie ha recibido más dinero más rápido que el Estado. ¿Acaso podemos decir que los servicios públicos han mejorado en esa proporción? Claramente no. La función “redistributiva” de la riqueza ha sido un fracaso, pero siguen pidiendo más dinero. Cualitativamente estamos peor que antes de la firma de los acuerdos de paz. Las pocas mejoras han sido logradas a pesar de, y no gracias al Gobierno.

La realidad, por mucho que les duela a algunos, es que ha sido el sector privado quien ha provocado nuestra magra prosperidad. El sector público expropia más del 10 por ciento de la riqueza que se produce en el país; nos endeuda por mucho más y da muy poco a cambio. Es el otro 90 por ciento el que ha hecho la diferencia. Ha sido el sector privado quien creó los empleos en las ciudades y el campo para mejorar la condición de vida de millones. Ha sido el sector privado quien ha distribuido esa riqueza en el pago de salarios e infraestructura productiva. Mientras los funcionarios públicos despilfarraban los escasos fondos públicos, los trabajadores, de todas las clases sociales, combatían la pobreza con su trabajo honrado.

Esa es la realidad; no la que prometen los políticos y burócratas internacionales diciendo que más gasto público equivale a más prosperidad. Peor aún, la propaganda oficial pretende saludar con sombrero ajeno. Luego del despilfarro, tienen el coraje de decir que la pobreza ha bajado gracias a su gestión, cuando el mérito corresponde a la riqueza creada desde el sector privado. Su gasto público ni siquiera ha sido capaz de crear un ambiente de certeza jurídica y seguridad física.

Así que la tal “función redistributiva de la riqueza” del Gobierno es un demostrado fracaso. Los principales beneficiados han sido, por supuesto, los políticos de turno. Por lo tanto, es un error ver al Gobierno y los políticos como la fuente de prosperidad y equidad. El futuro económico y social está en la actividad privada. Guatemala es un país pobre y lo seguirá siendo mientras su Gobierno sea un pesado lastre que debamos arrastrar.


Articulo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día martes 2 de noviembre de 2010.