Montana: 5 años

Esa empresa ha probado, y ese es mi punto central, que esta Gran Nación tiene un potencial enorme en muchas áreas.

Estuardo Zapeta

Recuerdo esos días cuando “un cilindro” levantó las pasiones antimineras más encendidas allá por Los Encuentros. Yo reporteaba desde ahí, y eran kilómetros de piedras que los lugareños habían colocado, incitados por los mismos bochincheros y “oenegeros”, para que “el tubo”, como le decían, no pasara.

El mito –y es que los bochincheros, sean ecologistas, sean “intelectuales” comprometidos, sean viles vividores del “activismo jurídico”— fue propagado a partir de la mentira que “con ese tubo la minera se iba a robar el lago de Atitlán”.

La mentira se multiplicó, y parece que cada vez son más creativas.

Era el inicio de operaciones de Montana, específicamente el transporte de piezas para la construcción de la Mina Marlin, en San Miguel Ixtahuacán, San Marcos. (Siempre me he preguntado si con esa misma vehemencia los pseudo, ecologistas, ambientalistas, y “oenegistas” pelearían contra las maras o contra el narcotráfico, o contra los “amapoleros” en San Marcos ¿O serán ellas y ellos silenciosos aliados? Porque el mismo silencio de estas almas he “escuchado” –valga la paradoja— en Petén, pero sí se oyen sus gritos contra la petrolera, o en Alta Verapaz, El K´iche´, o Izabal, pero sí oigo sus arengas contra las hidroeléctricas y el níquel, o más cerca aún, guardan silencio contra la criminalidad que ahoga a San Juan Sacatepéquez, pero gritan con pasión contra la cementera.)

El “tubo” pasó. La Mina se construyó e inició la minería moderna en Guatemala. No hace falta recordar que grandes mineros fueron los que construyeron la Civilización Maya. Hecho antropológico: Minería es civilización.

Y es curioso que todos los opositores a la minería –que yo considero una de las grandes oportunidades en Guatemala, como en Chile, México, Colombia, Brasil, Bolivia, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Argentina o Perú— han sido quienes han validado, mejorado y llevado a la excelencia las operaciones mineras no sólo en Guatemala, sino en el mundo.

Como por ese lado no pudieron, se fueron los opositores entonces por el camino de los “impuestos”, enfatizando falsamente “la regalía” como el único impuesto de esta actividad. Luego salieron por el camino de la “contaminación”, con estudios más falsos que moneda de tres centavos. Hasta la “iglesia” mojó las sotanas contra la minería.

Después, y esta es la chulada que me he disfrutado, brincaron con el Convenio 169 y los referendos, mal llamados “consultas populares”; obviamente los ponentes de cuanta tontera se les ocurre no han leído el Convenio, el cual, para principiar, necesita reglamentación básica.

Las mentiras contra Montana, las hidroeléctricas, el petróleo, el cemento, el níquel, el hierro, etc., seguirán, porque son en realidad “chantajes”, a veces comunitarios, a veces “ecologistas,” que piden dinero a cambio de “dejar de molestar.” Y si no que lo digan los grupitos de abogados “indígenas”.

En la mira de los bochincheros está Montana, la misma está también en la mira de los inversionistas que consideran a Guatemala como destino de sus capitales.

Montana ha probado en cinco cortos años, y ese es mi punto central, que esta Gran Nación tiene un potencial enorme en muchas áreas, y es la minería una de esas oportunidades de oro que el ruido de los bochincheros no nos deja escuchar. La Verdad y el desarrollo han prevalecido. Qué bien.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día viernes 5 de enero de 2010.