Miedo en vez de confianza


¿Cómo quedará Guatemala si algún día se retira la Cicig? La promesa de su llegada era que quedaríamos mejor. Hoy, hay razones para dudarlo. La Cicig vino con poderes absolutos e inmunidad total. Lamentablemente, esa inmunidad se convirtió, con el paso del tiempo, en la capacidad para acusar sin fundamento legal a ciudadanos que se han cruzado en el camino de la Comisión. El nuevo comisionado calificó a su institución, correctamente, como un “tractor que se pasa llevando a quien se ponga enfrente”.

JOSÉ RAÚL GONZÁLEZ MERLO

Sin mayor empacho por el principio de presunción de inocencia, la Cicig se quiso convertir en una especie de “conciencia nacional”. En medio de ese proceso ha cometido injusticias.
Destruyó la reputación profesional de personajes que aspiraban a cargos públicos. Acusó de conspiradores a otros que se atrevieron a disentir criminalizando la libertad de expresión. Peor aún, encarceló a personas que ni siquiera se encontraban en el país cuando se cometían los hechos imputados. En su prisa por acusar, cometió el error de no confirmar la identidad de sus víctimas.

Por andar viendo quién se las pagaba y no quién se las debía, la Cicig, en medio de sus aciertos, también ha cometido graves errores. Ello ha redundado en reveses a nivel judicial. Los tribunales comunes y la Corte de Constitucionalidad han tenido que corregirle la plana. Lejos de admitir sus errores, la Comisión ha optado por presentarse como víctima de una “campaña de desprestigio” acudiendo al apoyo de la “comunidad internacional” y la “sociedad civil”. Los primeros no tienen empacho en realizar declaraciones incompatibles con su estatus diplomático de cara a un gobierno servil. Los segundos, lejos de buscar justicia, quieren venganza. La condena de un ex presidente de la Cámara de Industria es un codiciado trofeo.

La Cicig no es víctima. Sabía que enfrentarse al crimen organizado sería una tarea peligrosa y la aceptó. Lo que no se sabía es que también tendría que enfrentarse a la opinión pública guatemalteca por sus aciertos pero también por sus errores.

Maquiavelo recomienda al soberano ser temido sin llegar a ser odiado. La Cicig ya logró lo primero y, si sigue así, logrará lo segundo. El problema es que el miedo viene de ciudadanos que temen ser calificados de “conspiradores” o, peor aún, caer injustamente en uno de sus “atarrayazos” criminales. Mientras tanto, los verdaderos criminales no parecen temer mucho apostando a que la comisión se dedicará a casos de más “impacto mediático”. Impacto celebrado y apoyado por grupos que aprovechan una revancha ideológica.

Como parece que tendremos Cicig para rato, en palabras del alcalde Arzú, la Comisión debe “retomar el rumbo”. De otra manera, confirmará los temores de sus detractores legítimos y dejará un país peor del que encontró.


Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día martes 23 de noviembre 2010.