La maquinita gringa


La siguiente crisis, que se em-pezó a gestar con la “solución” a la crisis de hace dos años, parece estar cada día más cerca. La decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) la semana pasada de darle viaje a lo que se ha llamado “QE2” (Quantitative Easing 2) es un paso más en ese círculo vicioso que podría tener consecuencias funestas, no solo para ese país, sino para buena parte de la economía mundial, nosotros incluidos.

JORGE JACOBS A.

Le han dado muchas explicaciones y justificaciones. Ben Bernanke y Barack Obama lo han calificado como la forma para lograr que la economía se recupere. Yo estoy más de acuerdo con la explicación que da Peter Schiff: esa es la excusa para que la gente no se percate que la deuda del Gobierno de Estados Unidos ya no tiene la misma aceptación que antes. En pocas palabras, la Fed puso a funcionar la “maquinita” para cubrir el déficit fiscal de ese país, y lo tratan de esconder como una medida de estímulo a la economía.

Solo para que se den una idea de cuánto se han apartado de los principios sobre los cuales se fundó ese país hace más de 200 años, principios que le permitieron llegar a ser lo que ahora es —aunque quien sabe por cuánto tiempo más—, en la Ley de Monedas (Coinage Act) de 1792 se establecía la pena de muerte para cualquier funcionario que fraudulentamente hiciera que el dinero de las personas perdiese valor.

Pero no se puede engañar a toda la gente todo el tiempo. Quienes creemos que los bancos centrales están entre los principales responsables de estas crisis, lo hemos venido advirtiendo desde antes de que hicieran el QE1. Pero ya no somos solo los libertarios “extremistas” los que advertimos el problema. Economistas y funcionarios de varios países y diversas tendencias han levantado la voz de alerta sobre las posibles consecuencias de esta decisión, que de hecho será el tema principal de la reunión de los líderes del G20, esta semana en Seúl.

Quizá el colmo ha sido que la oficina de valuación de créditos del Gobierno de China hace unos días le bajó la calificación a los bonos del tesoro de Estados Unidos. Esto podría parecer intrascendente para cualquiera, de no ser porque el principal comprador mundial de esos bonos, por mucho, es precisamente el Gobierno de China.

Y es una decisión que puede tener tantas y tan graves consecuencias, que hasta ha llevado a que la tradicional “no interferencia” de los políticos estadounidenses con las decisiones de la Fed haya quedado en el olvido, con Obama apoyando a Bernanke y Sarah Palin dando un discurso agresivo contra las decisiones de la Fed.

Y ¿en qué nos afecta a nosotros? En mucho. Nos guste o no, Estados Unidos sigue siendo la economía y el mercado más grande del mundo, además de nuestro principal socio comercial. Y el dólar, con todo y lo maltrecho que lo tienen las decisiones de la Fed, sigue siendo la moneda de preferencia para el intercambio internacional.

Por una vez, los Estados Unidos podrían aprender de lo que se ha hecho en Guatemala. Aquí, gracias a la influencia de Manuel Ayau y otras personas interesadas por nuestro futuro, en 1993 se aprobó una reforma constitucional que prohíbe al Banco de Guatemala prestarle al Gobierno, es decir, hacer uso de la “maquinita”. Sin ese candado, los gobiernos de esa fecha para acá de seguro ya nos hubieran hecho pasar por una o varias hiperinflaciones. ¿Será que los actuales políticos en Estados Unidos entenderán la lección o seguirán empeñados en llevar al país a la quiebra?


Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día jueves 11 de noviembre 2010.