Epístola de Bastiat



Lo que nunca se verá y ni siquiera puede concebirse, es que el Estado dé al público más de lo que de él recibe.

Marta Yolanda Díaz-Durán

Hace un par de días llegó a mi inbox en Facebook el más extraño de los mensajes que he recibido. El autor de la epístola virtual me pedía encarecidamente (por cierto, en un español afrancesado), que publicara en mi próxima columna extractos de un ensayo que escribió hace algunos años, el cual consideraba trascendental que fuera leído por las gentes de bien del Siglo XXI. Claro, no hacía referencia sólo a los lectores del diario para el cual escribo. El remitente del correo se refería a todos aquellos que queremos que mejore la calidad de vida de todas las personas, de manera sostenible, en el largo plazo.

El autor de la misiva se llamaba Frédéric Bastiat. Por supuesto, mi desconcierto fue tremendo:
el escrito que quería que compartiera se llama “El Estado” y fue publicado por primera vez el 25 de septiembre de 1848, en el “Diario de Debates”. Además, Bastiat murió en 1850. En fin, hace un rato, cuando vino a mi memoria el hecho que comparto con ustedes, busqué la carta mencionada y ¡vaya sorpresa! ya no estaba. Sin embargo, como ya me había comprometido con el remitente ¿habrá sido un sueño? decidí cumplir mi promesa:

“¡El Estado! ¿Qué es? ¿Dónde está? ¿Qué hace? ¿Qué debería hacer? Todo lo que nosotros sabemos es que es un personaje misterioso, y seguramente el más solicitado, el más atormentado, el más atareado, el más aconsejado, el más acusado, el más invocado y el más provocado que hay en el mundo”.

“¡Oh! Perdónenme escritores sublimes, a los que no detienen ni siquiera las contradicciones… ustedes ya han descubierto en alguna parte un ser bienhechor e inagotable llamado Estado, que tiene pan para todas las bocas, trabajo para todos los brazos, capitales para todas las empresas, crédito para todos los proyectos, aceite para todas las heridas, alivio para todos los sufrimientos, consejo para todos los perplejos, soluciones para todas las dudas, verdades para todas las inteligencias, distracciones para todos los aburrimientos, leche para la infancia, vino para la vejez, que provee a todas nuestras necesidades, previene todos nuestros deseos, satisface todas nuestras curiosidades, endereza todos nuestros errores y todas nuestras faltas y nos dispensa de toda previsión, prudencia, juicio, sagacidad, experiencia, orden, economía, templanza y actividad”.

“El Estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo se esfuerza por vivir a expensas de todo el mundo… El Estado que puede tomar y no dar por la naturaleza porosa y absorbente de sus manos, que retienen siempre una parte y algunas veces la totalidad de lo que tocan. Pero lo que nunca se ha visto, lo que jamás se verá y ni siquiera puede concebirse, es que el Estado dé al público más de lo que de él recibe”.

Ojalá cada día más despierten de la pesadilla del Estado Benefactor/Mercantilista, ya que, como también lo dijo Bastiat: “esta personificación del Estado ha sido y será una fuente fecunda de calamidades y revoluciones”. Genial.

Artículo publicado en el diario guatemalteco Siglo XXI, el día lunes 22 de noviembre 2010.