Empezó la campaña electoral


Es más fácil lograr un voto favorable por mayoría simple cuando hay dos candidatos que cuando hay diez.

Carroll Ríos de Rodríguez

Está en boca de todos: ¿Ya viste la valla de tal o cuál político? ¿A qué cargo aspirará fulano? ¿Está habilitado para ser candidato? ¿Quiénes correrán? ¿Reprenderá el Tribunal Supremo Electoral a los partidos políticos por las campañas anticipadas?

Una preocupación válida ronda en torno a la legalidad de estas y otras acciones. También meditamos sobre la idoneidad de los resultados producidos por nuestras reglas del juego. En otras palabras, ¿pudiéramos organizar el proceso electoral de forma que refleje mejor las preferencias de los votantes? Lo vivido es racional de cara a los incentivos que impone nuestro peculiar conjunto de reglas a los políticos activos y a los votantes.

En nuestro sistema democrático, el votante posee un voto secreto, personal e intransferible. Los partidos políticos compiten por cada voto. El votante debe elegir entre una gama relativamente amplia de opciones, debido a nuestro multipartidismo.

¿Es mejor el bipartidismo que el multipartidismo? Depende. Los sistemas son competitivos, siempre que exista más de un partido político autorizado. En el bipartidismo, la competencia acontece al seno del partido y antes de la elección general, y a veces es tan feroz como la que percibimos en el multipartidismo. Es más fácil lograr un voto favorable por mayoría simple cuando hay dos candidatos que cuando hay diez. Entre más candidatos se postulen para ocupar cargos públicos, más se dividirá el electorado, pero allí el votante posiblemente encontrará una opción ajustada a sus preferencias particulares.

Al adoptar una plataforma programática y darla a conocer entre los ciudadanos y otros actores políticos, los partidos políticos reducen los costos de informarnos. Los electores saben algo sobre el candidato con solo conocer su afiliación partidista. La afiliación también informa y facilita la negociación entre los políticos electos por distintos partidos políticos.

En Guatemala, como en Francia, se lleva a cabo una segunda ronda electoral protagonizada por los dos candidatos presidenciales más favorecidos en la primera ronda. El ganador de la segunda ronda sí obtiene un mandato claro. La doble contienda, a su vez, explica la conveniencia, para los partidos relativamente pequeños, de lanzarse al fuero por su cuenta. Así miden la popularidad de sus candidatos y establecen cuotas de poder (votos) que pueden negociar entre rondas.

También vale la pena explorar la posibilidad de elegir a título personal, a postulantes para gobernador, alcalde o diputado, por ejemplo. Nuevamente, los incentivos cambian según la regla adoptada. Un candidato electo por nombre tiende a ser más responsable ante el electorado que un candidato electo conjuntamente con otros. Ello influye sobre la naturaleza de la campaña electoral, la reelección, el transfuguismo y la disciplina partidaria.

Si vamos a revisar las leyes que regulan los procesos electorales, deberíamos intentar que los cambios constituyan mejoras para los votantes: que reduzcan costos y reflejen adecuadamente nuestras preferencias.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día miércoles 10 de noviembre 2010.