El futuro religioso del hombre (XVII)


El cristianismo ha consistido siempre en un diálogo íntimo merced a esa “quinta” dimensión de dos vías.

Armando de la Torre


Entramos al tiempo de Adviento, la estación del año litúrgico que nos recuerda lo inevitable de nuestras “postrimerías”, es decir, del final del hombre, del Universo y de la misma Iglesia.
Pero hasta llegar ahí, toda vida necesita de alimento; también la de la fe…

Esa dimensión misteriosa por la que se nos insuflan la fe, la esperanza y el amor nos es enteramente gratuita y por eso, en lenguaje teológico, se le llama “gracia”.

El cristianismo ha consistido siempre en un diálogo íntimo merced a esa “quinta” dimensión de dos vías entre el Creador y aquellas de sus criaturas que nos reconocemos hechos “a su imagen y semejanza”.

De la oración, de la alabanza, de la petición, del agradecimiento, también en ocasiones del reclamo, se teje nuestro aporte. Y sin tales coloquios, morimos de inanición.

Muchos de nosotros, no sé cuántos, reducidos sin saberlo a “zombis” por el vudú agnóstico, deambulamos, desnutridos, sin otro rumbo que el horizonte visible.

En verdad, hasta parece habérsenos hecho cómodo. Pues, ¿para qué acumular preocupaciones sobre un posible más allá a las innumerables que perentoriamente nos asedian a diario durante nuestro “más acá”?…

La razón científica, además, y no la fe, nos ha alargado los años de vida y mejorado su calidad, mientras nos aclara improbable cualquiera otra.

¿Hablar, entonces, con Dios, es de lunáticos? ¿Acaso no nos aleccionó lo suficiente Sigmund Freud con su Futuro de una ilusión? ¿O no demostró ya J. F. Skinner que nuestra conducta, también la orientada hacia lo trascendente, no es más que producto de condicionamientos tempranos, ajenos a nuestra libertad y, por consiguiente, a nuestra responsabilidad? Y si, como muchos afirman, la “introspección” nunca es vía adecuada de acceso a lo verificable, ¿por qué mirar hacia adentro? Más ad hominem: ¿no derivan los terroristas islámicos sus inhumanas convicciones de sus postraciones cinco veces al día que creen los enlazan interiormente con Alá? ¿Como lo concluyeran los inquisidores de antaño del rezo escalonado de su Breviario cada veinticuatro horas?...

Sin embargo, lo vivimos. Aunque acarreemos la marca de Caín, la traición de Judas, también las lágrimas de Pedro… Rousseau nos quiso libres de todo pecado “original” y, a su ejemplo, muchos otros nos decretan libres de todo complejo de culpa.

Pero dos guerras mundiales, el holocausto nazi, el Gulag soviético y la angustiosa amenaza nuclear, en menos de un siglo, testimonian tercamente lo contrario.

Por otra parte, está la evidencia histórica de los innumerables que se han dejado martirizar antes que ofender a Dios, o de quienes renuncian a lo más preciado a la carne en aras de una comunión más generosa con el espíritu.

Por eso, ¿es San Francisco de Asís menos real que Hitler? O es cada madre cristiana esperanzada ¿una ilusa? ¿Y el remordimiento injustificado?

¿Son los propósitos de enmienda del todo inservibles? Aun nuestras declaraciones de amor, las más sinceras, ¿serán meras efusiones químicas mal interpretadas? Y las peticiones de ayuda, ¿gestos que se pierden en el vacío espacial?…

La oblación del amigo por el amigo, o la generosidad espontánea de cada buen samaritano, y aun la del mismo Cristo en la cruz, ¿estupideces que contradicen la lógica de… Maquiavelo o… del maximalismo del mercado?

¿Habremos de tener por superflua toda solidaridad con el enfermo, toda esperanza —o desesperación— del prisionero, para poder sostener que tan sólo somos racimos de reflejos que nos han permitido triunfar en cuanto los más aptos en la competencia implacable de la vida contra la vida, a lo largo de centenares de millones de años de evolución biológica? O tal cual lo propuso Marx, ¿”superestructura” social de una estructura material de producción?

¿Aceptaremos la vacuidad de toda inteligencia y de toda voluntad?

¿Podemos permitirnos, en nombre de la ciencia según algunos, despojarnos unilateralmente de trozo tan gigantesco de la realidad inmanente y privada?

Artículo publicado en el diario guatemalateco "Siglo XXI", el día domingo 28 de noviembre 2010