El futuro religioso del hombre (XIV)


Quizás lo de más peso será la ignorancia de las consecuencias al largo plazo de nuestras acciones.

Armando de la Torre

El hombre del futuro no dejará de quejarse de la vida que le haya tocado en suerte. Job ha sido y siempre será la excepción.

Pero también será mera apariencia la que lo engañará, pues protestar es de humanos, y no veo por qué habría de aumentar en el futuro el número de los suicidas, a menos que hasta ellos se extienda ese “vacío existencial” (anómico, como lo calificó Emile Dürkheim) que hoy aqueja a tantos adictos al alcohol, a las drogas, a pasar el tiempo o, simplemente, a su spleen (hipocondría).

Siempre el precio de la opulencia fácil.

Nuestras penas y caídas serán, por tanto, similares a las de hoy, los productos “inevitables” de nuestros mutuos malentendidos, de nuestras debilidades de carácter, ocasionalmente de la mala voluntad de alguno.

La culpa, por supuesto, no la haremos nuestra sino que se la endosaremos alegremente a algún prójimo que nos caiga mal, y hasta a nuestro mismo Creador.

Quizás lo de más peso será la ignorancia de las consecuencias al largo plazo de nuestras acciones, dada nuestra obtusa propensión a quererlo todo ya. Las “revoluciones” violentas, que tanto fascinan a los muy inmaduros, o a los muy incultos, responden a ese condicionamiento avasallador de cortoplacismo.

Tal vez por ello el mundo posmoderno da muestras de cierta prudencia y cautela más allá de las que hipócritamente hizo gala durante la primera mitad del Siglo XX, cuando gobernantes y anarquistas decían estar en contra de la violencia y no cesaban, sin embargo, de prepararse en secreto para ella.

Esa prudencia de hoy la comprueba la fundación relativamente reciente de múltiples megainstituciones tales como la Unión Europea, por ejemplo, la Corte Penal Internacional, el desarrollo en ciernes del Derecho Humanitario, o aquellas que apuntan a la preservación de un medioambiente sano, o a una limitación más estricta del uso del poder coactivo por el Estado (lo que equivaldría al afianzamiento, en inglés de, the rule of law, en español, del “Estado de Derecho”…)

Son ellas a su turno testimonios, aún no suficientemente interiorizados, de las raíces cristianas de esta civilización nuestra que aceleradamente se globaliza. También del vigor inaudito del “personalismo” no menos cristiano en su origen que ha guiado la reconstrucción política y social de un planeta devastado por dos guerras mundiales. Este ha sido, además, el aporte más grande del movimiento político de masas conocido por “democracia cristiana”.

Inclusive la Social Democracia, la otra corriente mayoritaria en la actualidad, en el Congreso de su filial alemana en Bad Godesberg (1959) añadió a sus principios fundantes la declaración de que “el socialismo no es ningún sucedáneo de la religión. El Partido Socialdemócrata respeta las iglesias y las comunidades religiosas, estima su particular cometido y su independencia”.

Esta brevísima sinopsis entraña un mentís definitivo a ese laicismo militante, engendro de los jacobinos franceses, que tanto ha erosionado las bases morales de nuestros pueblos y que ahora se ha hecho monopolio de las agencias de las Naciones Unidas, al que se han sumado los grupos más dispares de “libertarios” de nuevo cuño (los “randianos”) y algún que otro vergonzante darwinista social.

No menos es contradicho por el claro resurgimiento de la práctica religiosa en los territorios que otrora fueran “parcelas” del bloque militantemente ateo de la Unión Soviética.
Una vez más, pues, “el espíritu ha soplado donde ha querido”.

¿Prenuncio también del mañana de todos?

Lo que entendemos por “revelación divina” siempre nos será misteriosa, como el entero cosmos que nos rodea. Inquietante, como el final que a todos nos espera. Asombroso, como el nacimiento de cada vida nueva. Paradójico como cualquier infinito. Audaz, como lo es siempre la verdad que libera.

Pero esperanzador, más que nada, como el mensaje inaudito de la Resurrección.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día domingo 07 de noviembre 2010.