El cotarro alborotado (parte II)


¿Puede alguien del corrillo ser considerado, en serio, paladín derechista o abanderado izquierdista?

Karen Cancinos

La semana pasada hice ver que en estos artículos estoy partiendo de la premisa siguiente: en Guatemala no existe la llamada “derecha” política. En aras de la claridad conceptual, reitero que me refiero a “la derecha” como a la posición dentro del espectro político que se caracteriza por gobierno limitado, mercados libres y rechazo a la injerencia estatal en ámbitos privados. Por contraste, “la izquierda” se sitúa en dicho espectro en una posición definida por dirigismo económico, relajamiento en cuestiones éticas y promoción de la intervención estatal en aspectos a cuales más variados y mientras más, mejor.

Así las cosas, vemos que ninguno de los participantes en el corrillo politiquero local puede ser tachado ni de paladín derechista serio ni de abanderado izquierdista, también serio. Sucede que los líderes de izquierda “moderados” —yo les diría simplemente serios, sensatos y por ello exitosos— abrazan en mayor o menor medida los postulados de la derecha. No en su discurso claro está, pero sí en sus gestiones, que al fin y al cabo es lo que importa. Bachelet, Lula y Tabaré Vásquez, por ejemplo. ¿Habrá un izquierdista así en el gallinero que constituye nuestra arena política local? Pienso que no, y explicaré mis razones en artículos posteriores.
Hoy proseguiré con el análisis de las figuras de la arena política nacional a quienes se endilga la condición de derechistas.

Diseccioné al actual alcalde capitalino, que muy rubicundo y citadino será, pero de derechas, nada. En España se le consideraría un pijiprogre. Pero no estamos en nuestra antigua metrópoli, dirá usted. Es verdad, pero la menciono por el vocablo con que designa allá a gente como Álvaro Arzú.

Lo que esa simpática palabra significa queda claro cuando se sabe a qué se refiere cada uno de los vocablos que la forman. El “pijo” equivale al “caquero” o “chancle” nuestro. El “progre” es contracción de “progresista”, como les gusta autodenominarse a los socialistas de tertulia, foro y foto, guapillos ellos a veces y bien vestidos siempre (a menos que anden debidamente disfrazados de souvenir exótico). Porque el pueblo bien acicalado jamás será derrotado, no lo olvide. Ala, yo soy de izquierda se lo juro, tengo conciencia social, el Ché es lo máximo pues. “La Jackie” (personaje de la artista Celia Recinos) es la chica pijiprogre por excelencia.

Eso en cuanto al dirigente del PU. Pero, ¿y qué hay de las otras figuras del corrillo político guatemalteco? Empecemos con el contendiente más visible de la oposición actual, Otto Pérez Molina, supuestamente también de derechas. Fue militar, y de seguro tiene una disciplina deseable en cualquier persona con posición de liderazgo. No sé qué tan adepto sea de los mercados libres y del gobierno limitado; me gustaría conocer su posición al respecto, pues las declaraciones que hace siempre se enmarcan en asuntos coyunturales que, por eso, resultan intrascendentes.

Su elección de vicepresidenciable en la contienda pasada fue un acierto, por tranquilizadora. Pero si, como dicen, su compañera de fórmula en el caso de su muy probable candidatura el año que viene es una diputada con apellido italiano y con tanto fondo como la cabellera de un octogenario, empezamos mal. De “derecha” podremos esperar tanto como “socialdemocracia” de Álvaro Colom (ni idea tiene de lo que es eso).
Continuará.

Articulo publicado en el dairio gautemalteco "Siglo XXI", el día viernes 19 de noviembre 2010.