El cotarro alborotado (parte I)


Un cotarro indefinido e indefinible: eso es la arena politiquera nacional, sobre todo en época pre electoral.

Karen Cancinos

No comparto la idea de que en nuestro país existen tales cosas como “la derecha” o “la izquierda” políticas. Guatemala no es Estados Unidos, Inglaterra o España, países con bipartidismos definidos.

¿Arzú, de derechas? ¿LIDER, de derechas? ¿UNE, de izquierdas? ¿FRG, de derechas? ¿GANA, de derechas? Ajá. Y yo soy cantante de ópera.

Veamos. Comencemos con Álvaro Arzú. He visto sus anuncios por toda la ciudad, invitando a “retomar el rumbo”. Como si alguna vez hubiésemos estado encaminados en uno correcto.
Pienso que está jugando a presentarse ante una sociedad desesperada por el clima violento y agobiada por una situación económica maltrecha, jugando la carta de “soy el mal menor”. ¿Lo es? Si hay que contrastar su gobierno con el de, por ejemplo, Alfonso Portillo, muchos diríamos que sí. Pero el punto no es ese, sino si efectivamente Arzú es un político de derechas. Yo pienso que no. Ahora maneja su eslogan emelenista de “Dios. Patria. Libertad”, y acepta que la provoca “ilusión” lanzarse al ruedo presidenciable de nuevo, apelando así a una nostalgia urbana-elitista que a saber si lo favorecería en vista de que no es el único que coquetea con ese nicho electoral.

Porque ser citadino, rubiecito y de estrato medio alto para arriba no convierte a nadie en votante de derechas. Porque el suscribir una ideología determinada no es cuestión de físico o de entorno material o geográfico, sino de elaboración mental y adopción de ciertos principios (Marx, el gran fustigador de la burguesía decimonónica, no era ningún “proletario”. Era, de hecho, un burgués).

Así las cosas, Arzú resulta representativo —y atractivo, seguramente— para un sector con las características mencionadas, pero no de derechas. Hay un montón de progres allí. El mismo Arzú me parece uno, aunque admito que es posible que hoy, al inicio de su tercera edad, haya dejado atrás el pragmatismo miope y la ambivalencia ideológica que han caracterizado su carrera política. Sin embargo, su conducta apunta a otra cosa: aunque en estos días han sido convenientemente soslayados, sus arrumacos con el Presidente actual y su mujer le restan credibilidad a su pretensión de erigirse como líder político derechista.

De hecho, se dice que la alharaca que se ha suscitado en torno a su “ilusión” es más bien su colaboración con sus nuevos mejores amiguitos del Ejecutivo (por favor, no seamos rastreros llamándoles “pareja presidencial”, porque la investidura de mandatario es para una persona, no para un matrimonio), con el objetivo de atomizar la oposición y así restarle oportunidades a Pérez Molina (otro que se dice de derechas, y a quien diseccionaré, políticamente se entiende, en una próxima entrega).

FRG, GANA y LÍDER son agrupaciones que de derechistas nada tienen, si como tales se entienden aquéllas que acuerpan una doctrina concreta, que puede compendiarse —a muy pero muy grandes rasgos— en dos puntos: liberalismo económico y conservadurismo ético.

El FRG fue una agrupación erigida en torno a un caudillo hoy chocho. La GANA, lo mismo, solo que hay que sustituir caudillo por personaje inofensivo, actualmente en beatífico retiro.
LÍDER igual, nomás que no ha sentado a su dueño en la poltrona presidencial. Ni lo sentará, vaticino, ya que de mediocridad corrupta y populista los guatemaltecos tendrán suficiente con el mandatario actual. Espero.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día viernes 12 de noviembre 2010.