No hubo revolución


Vivir de glorias que no fueron es seguir dando vueltas sobre el mismo eje, es condenarnos a otros 66 años de soledad.

Estuardo Zapeta

Siguen las tristes golondrinas viviendo de unos dudosos pasados que añoran e intentan edificar hoy con flecos de papel, pero que su memoria nubla con lo que pudo haber sido y no fue.

No hubo “revolución”.

Su sola mención es un engaño, es un ardid para mantenernos girando sobre el mismo eje, para hacernos creer que en Guatemala pueden cambiar las cosas.

Tampoco hubo “independencia”.

No me suscribo a cohetillos, a marimbitas pagadas por alguna vieja loca, a visiones que duermen el sueño del pasado, atrofiado, oscurecido, podrido.

Gente esa que maneja su vida –y el país—conducida por el retrovisor de sus proyectos fallidos, mientras la humanidad observa y toma velocidad viendo por el vidrio delantero, que para fines de avance civilizatorio es “3D”.

Masturbación cósmica esa la de querer engañarnos con una cosa que más pareció un otoño, el de un “patriarca”, y su “ley fuga,” que un levantamiento real. Ah, criollos estos, sin patria.

Todas las revoluciones significaron lucha, sudor y sangre. La de estos trópicos mortales no llegó ni a vil zafarrancho. No hubo revolución. Todavía la estoy esperando, para subirme a la nave del cambio.

Un dictadorzuelo ahuevado. Un teósofo importado. Unas élites fallidas. Unos cambios que hoy son los fracasos más sonados. Eso no es revolución.

Paisito, aldeíta tercermundista, con más desnutrición y menos esperanza, con más opresión y menos Libertad, con más muerte que vida, con más fantasmas que historia.

“Proceso”, dicen, sí pues, “proceso” será mi rabadilla morada, “proceso” será la huella de caite, “proceso,” al final, que no fue.

Y lo peor de todo es que hoy lo presentan con la réplica de un mural que por chafa debería arder en los infiernos de la hambruna del corredor seco, o entre los derrumbes del altiplano, o caerse entre los puentes que reconstruimos después de cada llovizna. Ni proceso, menos revolución.

Esas son excelsas pajas de universitarios mediocres que, de magníficos ejemplares descerebrados que imaginan que en 66 años el tal “zafa-rancho” del 44 era Nirvana y siete cielos más.

No hubo revolución. Qué va, ya quisiéramos que hubiese para terminar de una vez con todas con unos gobiernillos de estupidez compartida, de mercantilismo, de proteccionismo, de privilegios.

No. Eso de lo que hablan llama a náuseas y vómitos, como diría Asturias. Eso causa lástima indecible sobre aquellos ilusos que dicen hoy empuñar un clavelito rojo que mejor haría en llenar sus enormes vacíos mentales, con todo y pañoleta rojinegra.

Sólo cambiamos de amo. Estúpidos. Que no se dan cuenta.

Sólo nos movimos 180 grados sobre el mismo eje para agacharnos, como siempre, frente a diferente ídolo, pero ídolo con pies de barro al final. No dieron un paso hacia adelante. Sólo giraron 180 grados más para volver al mismísimo lugar. Pobres.

Y todo porque despreciamos la Libertad con vehemencia, y la hemos cambiado por una idiotez suprema que llaman “igualdad”, y se la creen. Sí pues.

El subdesarrollo es un estado mental, y vaya si no hasta nombre le hemos puesto en Guatemala: “revolución del 44.”

Vivir de glorias que no fueron es seguir dando vueltas sobre el mismo eje, es condenarnos a otros 66 años de soledad, a vivir de distorsiones mentales, porque esa que dicen es una revolución que no fue.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día martes 19 de octubre 2010.