Mentira interina


Esta semana se cerró un nuevo capítulo de las “mentiras interinas” (que no verdades) de Castresana. La Cicig no ratificó la acusación contra el magistrado suplente de la Corte de Constitucionalidad, Roderico Pineda, que hiciera públicamente su anterior comisionado. Aunque la noticia pasó mayormente desapercibida en los medios, creo que es de vital importancia, para que nos vayamos dando cuenta de las “verdades interinas” y acusaciones sin bases hechas por Castresana.
JORGE JACOBS A.

Como algunos recordarán, durante una de las conferencias de prensa que utilizó como base para que destituyeran a Conrado Reyes como fiscal general, Castresana hizo público un audio en el que, supuestamente, Diego Moreno hablaba con Roderico Pineda sobre cómo aprovechar la cercanía con Reyes a favor de los hermanos Valdés Paiz. Castresana despotricó contra Pineda, acusándolo de tráfico de influencias, y utilizó esta supuesta prueba para también acusar a Reyes de corrupto.

La acusación, en el acostumbrado tono categórico de Castresana, en ese momento y en ese contexto, parecía contundente. Tanto así que hasta se inició un proceso de antejuicio contra Pineda; sin embargo, no pasó mucho tiempo para que la dichosa acusación se empezara a desmoronar.

Para principiar, la conversación intervenida ni siquiera se podría calificar de “tráfico de influencias”. Pero eso no era lo peor, sino que dicha conversación nunca se llevó a cabo, por lo menos en los términos en que Castresana la hizo pública. Cuando Moreno se entregó y rindió sus primeras declaraciones, especificó que la conversación intervenida la había tenido con el hijo del magistrado Pineda, no con este. En ese momento, por cierto, tampoco se le dio mucha relevancia en los medios a esta aclaración.

Aún así, continuó el proceso de antejuicio. Debo aclarar que no conozco a Pineda y probablemente pueda tener otras cosas de las cuales lo acusen, pero esta en particular es una mentira. La mejor prueba es que ahora, cuando se tenía que ratificar la acusación ante la comisión pesquisidora que investigaba el caso, nadie lo hizo. (Prensa Libre, 12/10/10, Pág. 10).

Será una acusación infundada más que quedó simplemente en eso. Sin embargo, como en muchas de las imputaciones de Castresana: tiró la piedra y escondió la mano. A la hora de las aclaraciones brilló por su ausencia y nunca tuvo la decencia de reconocer que acusó falsamente a muchas personas. ¡Claro, como estaba por encima de la ley! Y ese, precisamente, es uno de los defectos por los cuales me he opuesto desde siempre a organizaciones como la Cicig, la Ciciacs, Minugua y demás, porque estoy convencido de cuánta razón tenía Lord Acton al decir que “el poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. En el caso de Castresana, poder acusar a cualquiera sin pruebas, sin tener que dar cuenta de sus acciones, destruir vidas con una pinche diapositiva, parece ser que fue mucho más poder del que podía manejar.

Y nuevamente surge la duda: ¿cuántas otras de las “verdades interinas” que Castresana tan categóricamente nos espetó están basadas en pruebas falsas, en mentiras o en elucubraciones de la imaginación de alguien? Ojalá que aprendamos la lección y no tan fácilmente nos traguemos los cuentos de cualquiera. Afortunadamente, aunque tarda, la verdad casi siempre se llega a conocer.


Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día jueves 14 de octubre 2010.