La nueva “guerra”


Para “salir” de la crisis financiera, hace dos años se tomaron muchas decisiones con las que los políticos, tecnócratas y banqueros centrales de los países desarrollados decían hacer hasta lo imposible por promover la economía, fomentar el desarrollo y evitar que se llegara a una situación como la de la Gran Depresión de la década de los 30 del siglo pasado.

JORGE JACOBS A.

Lamentablemente, como bien lo dijimos algunos desde esa época, lo que estaban haciendo era sentar las bases para las siguientes crisis.

No se necesitaba tener muchos conocimientos de economía, por ejemplo, para saber que duplicar casi instantáneamente la masa monetaria alguna consecuencia tendría que tener. Por supuesto que los banqueros centrales dijeron que eso era lo que había que hacer en ese momento, y que cuando se saliera de la crisis se vería qué hacer con esa liquidez.
Pero las consecuencias de muchas de esas decisiones ya se empiezan a ver, y se verán todavía más cuando finalmente se reactive el crédito.

Lo irónico es que a pesar de que supuestamente lo que se quería era evitar una situación similar a la de esa época, resulta que de todos modos pareciera que vamos encaminados por el mismo sendero. En el último mes se ha incrementado el temor de una “guerra de divisas”, la que, de hecho, fue el tema principal de la reunión de los “señores de la pobreza” —la reunión anual de los directores del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial— hace unos días en Washington.

Y esta “guerra de las divisas” no es más que un resurgimiento del proteccionismo que supuestamente ya estaba superado, el mismo que también tuvo mucha responsabilidad en los sucesos de esa tristemente recordada década y hasta en la guerra que le sucedió.

Ahorita se manifiesta en la manipulación que algunos bancos centrales intentan hacer para mantener “subvaluada” su moneda y que los productos sean más competitivos que los de los productores de otros países. Pero ese es solo el primer paso; ya en algunas partes se escuchan nuevamente llamados a incrementar los aranceles para “proteger” las industrias de los países.
Por supuesto que, así como se podía prever que las decisiones que tomaron en los últimos años podrían tener consecuencias como estas, también se puede prever que si se sigue en esta línea, lo que conseguirán es estancar el crecimiento económico, pero, más importante, que se eleven las tensiones internacionales.

Definitivamente, Santayana tenía mucha razón cuando dijo que si no aprendemos de los errores del pasado, estamos condenados a repetirlos. De nada sirve que digan que no quisieran que se repita lo que sucedió hace 80 años, si las decisiones que toman nos encaminan precisamente por esa senda.

Afortunadamente, algunas cosas han cambiado en estos 80 años, especialmente el hecho de que las personas tienen más acceso a información, han vivido más de cerca la experiencia de tener acceso a mejores productos, a mejores precios, provenientes de casi cualquier parte del mundo, de tal suerte que es más difícil que los políticos puedan engañar actualmente a la gente.

Pero no hay que desestimar que también en muchas partes hay renovados brotes de nacionalismos extremos, los que también pueden ser utilizados por los manipuladores de siempre para encender los ánimos.

En fin, el futuro se presenta con muchos retos. Por si no fueran suficientes nuestros problemas internos, también se nos vienen estos externos.


Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día jueves 21 de ocubre 2010.