Cría cuervos


La Cicig, cual el novelesco monstruo de Transilvania, se ha vuelto contra sus creadores y ahora estos, finalmente, parecen empezar a percatarse que algo de razón tenían las advertencias que algunos pocos les hicimos cuando estaban montados en su macho y no querían escuchar razones ni les importaba pasar por encima de la Constitución, del debido proceso y de los derechos individuales.

JORGE JACOBS A.

Lamentablemente, como también pasó en la novela, muy tarde se dieron cuenta del grave error que cometieron.

Ahora dicen los creadores de la criatura que sí funciona pero que debe tener supervisión. Es que ese es precisamente parte del problema que también lo mencioné cuando estaba la discusión de la creación del monstruo. Al darles poder e inmunidad absoluta, lo que íbamos a obtener es impunidad absoluta. Y eso se ha cumplido al pie de la letra.

Recuerdo muy bien que en aquellas épocas, muchos de los impulsores de la criatura se daban el tupé de acusar de criminal o encubridor de criminales a cualquiera que se opusiera a su creación. Haciendo oídos sordos a tan disparatadas pero hirientes acusaciones, algunos pocos seguimos llamando a la cordura, a que se dieran cuenta que no se podía “fortalecer las instituciones” debilitándolas; que no se podía defender los derechos de las personas violando los de “algunos”.

Hay que ver la crasa inconsistencia de los creadores de la criatura, que cuando la parieron no les importó violar los derechos de todos los guatemaltecos. Tampoco les importó que su engendro violara los derechos de los demás, se pasara encima de las leyes y la Constitución, que acabara con la reputación de muchas personas, en el mejor de los casos sin pruebas, pero en muchos casos hasta con pruebas falsas.

No les importó cuando era a “los otros”. Pero ahora que les llegó el turno que su criatura se volviera contra ellos, ahí si ya no les gustó. Ahora se quejan de los abusos de la criatura, de la utilización sensacionalista de los medios de comunicación para declarar culpable a alguien sin siquiera tener pruebas ni presentarlas en un tribunal, de aplastar la presunción de inocencia y eliminar el derecho a la defensa de los acusados. Ahora se quejan, porque es tras ellos que va la criatura. ¡Hipócritas!

Pero aún así, con todo y su hipocresía, tienen razón en las quejas que ahora exponen, que es lo mismo que yo he venido diciendo desde hace años. La Cicig, en lugar de fortalecer las instituciones, las ha debilitado. Ha debilitado la presunción de inocencia, el debido proceso, el derecho a la defensa de todos los guatemaltecos bajo la excusa que de esa forma podrá perseguir a “los malos”. El problema es que esos derechos se han instituido luego de muchos siglos de experiencia para evitar los abusos de los gobernantes contra las ciudadanos bajo la premisa de que es mejor que un culpable salga libre a que un inocente sea condenado. Pero eso, a la mayoría no le importa, lamentablemente, hasta que son ellos quienes sufren los abusos de poder.

Lo triste es que muchos deberían aprender de esas equivocaciones de otros, pero no lo hacen. Para no ir más lejos, ahorita estamos ante la creación de otro engendro eliminador del debido proceso y de los derechos individuales, como lo es la Ley de Extinción de Dominio, y la mayoría pragmáticamente acepta que se violen muchos derechos “con tal de poder combatir a los narcos”. ¡Ingenuos! Tarde o temprano acabarán ellos mismos siendo aplastados por el monstruo que están creando.


Artículo publicado en el siario guatemalteco "Prensa Libre", el día jueves 28 de octubre 2010.